martes, 1 de agosto de 2017

R.K. Lilley

—¿Cuán duro puedes soportarlo?
Lourdes...
Fue descarado como el infierno desde el momento en que puse los ojos en él. Era agresivo y dominante, con los brazos del tamaño de camiones Mack, y una voz de alborotador de bar.
Era demasiado guapo para su propio bien, con una mandíbula dura y ojos aún más duros.
Siempre he llevado una vida bastante tranquila, pero podría decir a simple vista que este hombre era peligroso. Por muchas razones.
La más importante era el aura de sexo bruto, sucio, y duro que irradiaba.
Pensaba que sabía cómo tratar con todo tipos de hombres, pero éste me dejó desconcertada.
Decir que no era mi tipo era decirlo de manera suave.
Pero no podía decirle eso a mi libido.
Ni siquiera cuando me enteré de la verdad.
Mi amante me había mentido desde el principio.
Nada acerca de nuestro encuentro fue una coincidencia.

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