miércoles, 27 de julio de 2016

Irene Diaz


Decir que Rubén Valles es un niñato rico engreído y arrogante es quedarse corta. Pero también es increíblemente guapo, inteligente, misterioso y tiene a todas las chicas de la clase detrás de él.
La primera vez que se dirigió a mí me invitó delante de todo al mundo a hacerle una mamada, ¡Sin conocernos de nada! Tras aquella primera impresión decidí que le borraría de mi mente. Pero me va a resultar más que difícil. Cuando mi madre finalmente conoce a un hombre con el que rehacer su vida, resulta que éste tiene un hijo de mi edad. No me lo puedo ni creer cuando veo a Rubén aparecer por la puerta, presentándose como si no me hubiese visto nunca y sentándose a la mesa junto a mí.
Durante la comida tiene el atrevimiento de posar su mano sobre mi muslo y acariciar mi piel, acercándose centímetro a centímetro a mis partes más sensibles, ¡con nuestros padres sentados en frente! Se me nubla la vista, siento mi corazón acelerarse y mi cuerpo me traiciona, haciendo exactamente lo contrario de lo que quiero.

Para colmo, Rubén va a mudarse temporalmente con nosotras. A partir de ahora tendré que dormir pared con pared con él, discutir cada día en la mesa y escuchar como cada fin de semana lleva a una chica distinta a su dormitorio, deseando secretamente ser una de ellas.  

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